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MENS Actualidad. ¿TENEMOS MIEDO AL COMPROMISO?

Si giramos nuestra memoria 40 años en el tiempo, nos damos cuenta de cómo ha cambiado el mundo, no sólo a nivel científico y económico, sino también en la forma de comprometernos en nuestras relaciones sentimentales. Si en el año 1980, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), se registraron 220.674 matrimonios en España, esa cifra descendió hasta los 168.556 en 2012. Y el número sigue bajando. ¿A qué se deben estos cambios? ¿Les cuesta a los jóvenes comprometerse? O como decía Aldous Huxley, ¿el amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente, el miedo ahuyenta al amor?

"Realmente, no existe un miedo al compromiso, sino una baja tolerancia a la frustración. Es decir, tenemos miedo a perder", asegura Walter Riso , doctor en Psicología y autor del reciente libro Enamorados o esclavizados. Manifiesto de liberación afectiva (Planeta). Según argumenta este especialista, vivimos en la sociedad de la inmediatez, donde con un simple click accedemos a todo un mundo de posibilidades, por ello no soportamos la espera ni la incertidumbre, y en una relación de pareja, dice, todo es incertidumbre.

Además de la era de la inmediatez, vivimos también en la cultura del hedonismo en la que hacemos las cosas pensando en nuestro propio placer y bienestar, "somos más conscientes de que si algo no nos gusta o no funciona puede terminarse: 'probemos, si la relación nos va bien, perfecto; si nos va mal, mejor decir adiós'".

Pero, pese a todo, seguimos creyendo en la pareja. Según afirma Carmen Botia Morillas, doctora del área de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, "sigue existiendo el concepto de pareja como ideal de configuración de la vida adulta, ya medie o no el matrimonio. Y el hecho de que las parejas se rompan no es sinónimo de miedo al compromiso, al contrario: precisamente, por haber apostado por la pareja, si ésta no funciona es por lo que puede romperse".

Por tanto, coinciden los expertos, que haya menos matrimonios no implica que no existan relaciones consolidadas con un compromiso de pareja. De hecho, según explica esta experta, "el hecho de que hayan aumentado el número de hijos nacidos fuera del matrimonio en España, no indica necesariamente un miedo al compromiso, ya que la mayoría de estos niños nace en el seno de una pareja consolidada. De hecho, si estas parejas tienen un segundo hijo, el segundo ya nace dentro de una relación matrimonial, porque se casan después, por eso la tasa de segundos hijos que nacen dentro del matrimonio es mayor que la de primeros hijos". Pero sea de un modo u otro, insiste, "no tener una relación de matrimonio no significa carecer de un compromiso con la pareja".

Por su parte, añade Riso, la disminución de enlaces matrimoniales se debe también a una rebeldía que lleva a romper con normas impuestas: no necesito casarme para tener un proyecto de vida común. "Hay más requisitos ahora que antes para casarse, además del económico. Las parejas se juntan sin desconocer la libertad personal: quiero estar contigo pero siendo yo", afirma.

Relación social y postmodernidad

Los cambios económicos, laborales y, sobre todo, sociales juegan un papel fundamental en todo este paisaje. Por un lado, las condiciones laborales en las que actualmente se encuentra nuestro país, hacen que especialmente los jóvenes no puedan plantearse una cierta estabilidad, lo que repercute, por tanto, en sus relaciones personales. De hecho, y según apunta la especialista en Psicología, "las parejas jóvenes encuentran mayores dificultades para emanciparse y empezar una vida juntas. Y cuando se lleva mucho tiempo así, sin poder emprender un proyecto de futuro, pueden entrar en una crisis que les lleve a la ruptura". Además, el desempleo genera un gran malestar y "puede repercutir a la hora de relacionarse o de intentar algo más a largo plazo con alguien", comenta Riso.

Por otro lado, existen otros dos factores incluso más importantes que han hecho cambiar la visión social de toda una sociedad: la inclusión laboral de la mujer y su liberación sexual. Para Moya, estos dos elementos son cruciales, no sólo por el abanico inmenso de posibilidades que se dio a las mujeres (la independencia les permite elegir con quién estar, o estar solas, sin tener por ello que renunciar a la maternidad) sino porque eso implica también relaciones más tardías. Según explica esta especialista, "estos factores dan también como resultado que quienes inician un compromiso lo hagan a edades más tardías, disminuyendo la presión social hacia los solteros. Digamos que es una opción cada vez más normalizada".

Lo importante es que cada uno piense qué es lo que gana y qué pierde a la hora de comprometerse: "Está claro que si la vida de soltero te satisface, y te aporta todo lo que necesitas, puede ser una opción perfectamente válida. Es más, aquellas personas que tienen una vida social, laboral, sexual y de ocio satisfactoria van a tener menos carencias y, por lo tanto, se lo pensarán más por miedo a lo que 'pueden perder', si no valoran muy positivamente todo lo que 'pueden ganar'", argumenta Moya.

En la postmodernidad, añade Riso, aparecen valores nuevos que no existían antes, tales como la independencia y la autonomía. El mito de la media naranja ha quedado en el pasado y no buscamos a una pareja que nos complete porque ya lo estamos: "Somos consciente de que estar en pareja no significa 'aguantar' al otro, sino crecer con el otro, reinventar el amor, estar juntos y disfrutar". Para estar en pareja, se necesita siempre un esfuerzo, pero nunca un sacrificio.

Es sano no precipitarse y conocer lo suficiente a la persona que se tiene al lado antes de comprometerse, agrega Moya. Pero cuando la pareja ya se conoce, es decir, ya han vivido juntos una variedad de situaciones cotidianas diferentes y se quieren, si no existen impedimentos objetivos, lo natural será dar el siguiente paso: "Cuando la pareja se estanca en esta etapa habrá que valorar si las dudas vienen por un mal ajuste en la relación y resolverlo. Bien para arreglarlo o bien para terminar", comenta.

Personas con miedo al compromiso

Sin embargo y pese a que no existe como tal un miedo al compromiso, sí hay casos en los que realmente este 'fenómeno' existe. Al igual que en un extremo pueden encontrarse los dependientes emocionales, explica Moya, en el otro se puede encontrar a personas más insensibles, indiferentes y con más dificultad para mantener relaciones íntimas y recíprocas, afectivamente inaccesibles y normalmente dominantes. De este modo, y según enumera el doctor en Psicología, hay cuatro situaciones personales en las que sí hay un claro miedo a comprometerse en una relación de pareja.

Primero, aquellas personas que tienen un apego muy fuerte a sus padres y que reflejan en los demás características de sus progenitores. Luego están aquellas personas con rasgos esquizoides, -"no son esquizoides, sino que tienen rasgos esquizoides", matiza Riso-. Estas personas, hombres en su mayoría, son ermitaños afectivos, tienen miedo a perder la libertad, que es para ellos lo más importante en su vida. Su juego es perverso: te conozco y me gustas, pero no nos enamoramos porque si me enamoro, me atrapas, y mi libertad está por encima del sentimiento.

En tercer lugar están las personas que no saben elegir bien y también tienen miedo al compromiso. Por último, aquellas personas que tienen un miedo, en este caso, racional y lógico al compromiso cuando no se ven en el futuro con esa persona. En estos últimos casos, apunta el doctor en Psicología, para 'elegir bien a la persona' es necesario que se conjuguen ciertos elementos como son: pasión y deseo, amistad y complicidad, ternura, afecto y respecto, tener cosas en común y/o semejantes en los aspectos fundamentales de la vida y, finalmente, concluye: "imaginar si realmente me veo compartiendo mi futuro con él o con ella". Fuente: El Mundo.

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