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MENS Actualidad. EL DIFÍCIL ARTE DE REGALAR

Las fiestas de estas fechas son un cóctel de villancicos, cenas familiares, reencuentros con amigos y compras navideñas. En ocasiones, ayudar a sus Majetastades los Reyes Magos a elegir los regalos puede ser una tarea realmente estresante para algunos, especialmente si la lista de destinatarios es larga. Hay quien lo pone fácil especificando qué quiere, pero también hay quienes son una auténtico quebradero de cabeza para los que no tienen tiempo ni ideas para dar con el presente idóneo.

La cosa se complica aún más cuando la persona a regalar es muy exigente o de esas que "tienen de todo". En una reciente convención celebrada en California sobre la psicología del regalo, se puso de relieve que la gente se está volviendo cada vez más selectiva con las cosas que quiere, con las complicaciones que esto conlleva para quienes quieren tener un detalle con ellas. Concretamente, analizando 7.466 compras realizadas durante el famoso Black Friday estadounidense del año 2013, el 39% de los artículos adquiridos eran para regalar a personas consideradas "exigentes".

Esta dificultad a la hora de dar con un obsequio que guste a esa persona tan delicada hace que el regalador se sienta menos motivado cuando tiene que elegir algo que comprarle. Es un asunto del que se percató la investigadora Andong Cheng, de la Universidad estatal de Pensilvania, quien vio que los compradores se esfuerzan menos en elegir un regalo cuando sienten que la persona es muy difícil de complacer.

No obstante, esta "falta de ánimo" tiene una parte positiva para el receptor, y es precisamente que la gente tiende a arriesgar menos con ellos. Las personas difíciles de regalar suelen recibir más regalos que les gustan porque quienes les regalan van a lo seguro, y muchas veces les compran algo que ya sabían que querían. De esta forma, la gente exigente tiene más posibilidades de recibir un regalo que les gusta que aquellos que, a priori, parecen más fáciles de regalar.

Cuidado con querer ser "demasiado original"

Con el resto de los mortales, sin embargo, se falla muchas más veces de lo que se cree, precisamente por ese ansia de "ser especial" y de que nuestro regalo no se pierda entre los de otros muchos. Esto hace que a menudo se acabe regalando algo que el receptor no sabe ni cómo ni cuándo usar.

Para evitar esto, y conseguir que nuestro regalo sea un éxito, muchas veces hay que claudicar de esa necesidad de sobresalir e ir a lo seguro. En opinión de Francis Flynn, profesor de la escuela de negocios de Stanford, a pesar de la extendida creencia por parte de los compradores de que el destinatario del regalo lo apreciará más si se le compra algo que no haya pedido, lo cierto es que a la mayoría de la gente le gusta recibir regalos de "su lista".

Y es que, con frecuencia, el problema está precisamente en intentar ser originales y querer "innovar" más de la cuenta. En ocasiones, y pensando justamente en que la persona disfrute de nuestro regalo y lo recuerde para siempre, lo personalizamos demasiado. Según los expertos, esto sería no sólo un regalo ego, porque se piensa más en uno mismo que en la otra persona, sino que además se convierte en un detalle mucho menos útil de lo que podría ser. "La gente piensa más en cómo es la persona que en lo que a esa persona le gustaría tener", explica a EL MUNDO Mary Steffel, profesora en la Universidad de Cincinnati y otra de las participantes en la conferencia.

Esto se acentúa aún más cuando la persona a la que vamos a regalar es alguien cercano. Como no queremos que nuestro regalo parezca impersonal y dar la impresión de que no le conocemos, nos esforzamos mucho más en hacerlo "especial". Y a veces es demasiado: las personas quieren regalos versátiles y prácticos, independientemente de quién se los haya comprado.

"Los compradores deberían entender que una gran personalización no hace que el regalo sea mejor. Lo que hace de un regalo "el regalo perfecto" es que sea algo que se pueda usar", explica Steffel a este periódico, quien añade que el hecho de que nuestra elección sea demasiado individualizada puede aumentar las posibilidades de que el regalo acabe guardado en el cajón.

Pero, ¿la gente aprecia un regalo aunque no le haya gustado? ¿Qué hay de cierto en aquello de que "lo que cuenta es la intención"? Según ha contado a EL MUNDO Cindy Chan, de la Universidad de Pensilvania, "hay estudios recientes que demuestran que, aunque el regalo no haya gustado, los destinatarios tienden a apreciarlo más de lo que los compradores creen".

El dinero siempre gusta

Si realmente se está absolutamente falto de ideas, una de las opciones más clásicas es optar por dar dinero. A pesar de la extendida creencia de que es un regalo demasiado impersonal y, por tanto, no suele gustar, un estudio publicado en el Journal of Experimental Social Psychology ha demostrado que el dinero es el detalle más apreciado de todos, incluso por encima de aquellos que formaban parte de nuestra "lista de deseos" .

Una evolución del tradicional "aguinaldo" son las tarjetas regalo: una especie de cheque para gastar en una tienda. Aunque es una opción que también puede parecer fría, es algo que permite a la gente "darse caprichos" que normalmente no se darían. "La gente se compra artículos hedonistas que de otra forma no se comprarían, porque se sienten menos culpables cuando pagan con una tarjeta regalo",señala Chelsea Helion, del departamento de psicología de la Universidad de Columbia.

Otra alternativa cuando no se sabe cómo acertar es la recientemente extendida moda de regalar experiencias: un fin de semana en un hotel, un desayuno a domicilio o un vale por un masaje. Se trata de una tendencia en alza que, de alguna forma, refleja más cariño que otros detalles materiales. Según Cassie Mogilner, profesora de marketing en la Universidad de Pensilvania, este tipo de regalos mejoran nuestra relación con los demás, independientemente de que la experiencia sea consumida conjuntamente o no, "por los sentimientos que se evocan cuando se está disfrutando de la experiencia regalada".

No tengan miedo a devolver

Otro de los grandes temas de los regalos es el de las devoluciones. De hecho, muchas veces es un asunto tabú, porque aunque no es raro que alguien quiera cambiar o devolver algo, pero no lo haga por miedo a que la persona que les ha hecho el regalo se entere y pueda sentirse ofendida. Sin embargo, existen estudios que han demostrado que los regaladores prefieren que se cambie su regalo antes de que no se use, quede aparcado en cualquier estantería, se tire a la basura, o incluso, se regale a otra persona.

Flynn, que ha estudiado la psicología de las devoluciones, apunta que "los receptores creían que devolver un regalo sería más ofensivo de lo realmente consideraban sus regaladores". Estos últimos, de hecho, preferían que las personas a quien habían hecho un regalo lo cambiaran por algo que realmente les gustase, si la otra opción era no usarlo jamás. No obstante, siguen existiendo esas reticencias a la hora de deshacernos de ese regalo que no nos ha gustado: según apunta Flynn, existe un estudio que refleja que la gente devolvería sus regalos con menos cargo de conciencia si se les dijera que es el Día Nacional de las Devoluciones.

En cualquier caso, los expertos recomiendan tirar siempre por lo práctico y no tener miedo a perder la originalidad comprando algo que ya sepamos de antemano que el receptor quiere. Y aunque sí que es verdad que los regalos en Navidades pueden llegar a convertirse en una obligación, y no faltan los detalles por compromiso, los regalos no dejan de ser una forma de demostrar a la otra persona que nos acordamos de ella y nos importa. Fuente: El Mundo.

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