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MENS Actualidad. PONGA EN SU SITIO A SU "EX"

En un tiempo donde los matrimonios escasean, en el que las relaciones pueden no ser para siempre y donde la realidad va demostrando que de amor ya no se muere, las nuevas relaciones toman un protagonismo especial. Si nos fijamos, por ejemplo, en los 'sí quiero', los datos son un hecho. Por tomar una fecha no muy lejana, en el año 1980 se produjeron, según datos del INE, más de 220.674 enlaces matrimoniales. En el año 2013: 155.098.

Pero vamos más allá. Si echamos la vista atrás, veremos cómo probablemente nuestros antepasados tuvieron una o dos historias de amor antes del matrimonio. Ahora, en la actualidad, el número de relaciones sentimentales más o menos serias, con mayor o menor implicación es, en la mayoría de los casos, mucho mayor. Y no tienen, si así lo desean, ni que pasar por el altar.

Las antiguas relaciones, los recuerdos de historias pasadas y, en definitiva, los ex pueden condicionar una nueva relación sentimental. Para que esto no ocurra, ¿cómo se debe realmente tratar a un ex?

Mila Cahue, psicóloga del Centro Álava Reyes de Madrid y autora del libro Amor del bueno, asegura que cuando la presencia de un ex supone una alteración física, emocional y/o psicológica es porque se han traspasado los límites del lugar donde debe estar una expareja: "Ni los hijos, ni el dinero, ni la culpabilidad son excusas suficientes para colocar a un ex por delante de la pareja actual, pues ésta acabará resintiéndose".

Las antiguas relaciones, detalla esta experta, pueden estar en el presente, ocupando el lugar que les corresponde como, por ejemplo, padre/madre de unos hijos comunes. Pero hay una línea que no se debe traspasar con ninguna excusa ni mucho menos sin permiso explícito. Por tanto, el prefijo ex "pone automáticamente a la pareja en el lugar que corresponde: el pasado (al menos en todo lo que se refiere al plano sentimental)".

Cuando una relación termina, no sólo pierdes la parte íntima y emocional que tenías con esa persona, también las costumbres, actividades, amigos comunes e incluso los apoyos. Por ello, explica José Bustamante Bellmunt, psicólogo, sexólogo y autor del libro ¿En qué piensan los hombres?, muchas personas pretenden quedarse únicamente con el adiós emocional y seguir manteniendo las costumbres y actividades , o incluso los amigos comunes o los apoyos.

Una especie de "podemos seguir siendo amigos", por regla general, no suele funcionar para olvidar a alguien. Antes hay que alejarse y tomar distancia, para después retomar una relación cordial.

Lo ideal es quedar como amigos, añade Cahue, pero esto ocurre después de un tiempo de distanciamiento y de reflexión tras la separación, seguido de una comprensión y respeto hacia el otro en la situación actual.

Partiendo de la base de que siempre hay excepciones y casos extraordinarios, lo mejor es dejar partir a esa persona y dejar que las fases del duelo vayan pasando. Según apuntan los manuales de Psicología y Psiquiatría, son cinco las fases por las que una persona tiene que pasar cuando una relación termina: negación, enfado y rabia, negociación, dolor y por último la aceptación y asimilación. Por tanto, asegura firmemente Bustamante, cuando una relación se acaba, sea por el motivo que sea, lo sensato es alejarse del otro, vivir el dolor desde la mayor distancia posible, aceptar los recuerdos, pero dejar partir al otro. Tanto el que deja como el que es dejado.

Salvo honrosísimas excepciones, insiste el experto, es necesario alejarse y dejar que la incredulidad y la negociación dejen paso al enfado y a la tristeza para llegar a aceptar lo que ha ocurrido. Hay que ser capaz de sentirse agradecido por lo que hemos aprendido, a pesar e incluso gracias al dolor de la relación anterior. En definitiva, dejar que el "duelo" haga su curso.

En la misma línea se mantiene Cahue: "Si no se está dispuesto a que los ex cambien de lugar, es mejor no separarse. El trato con ellos ha de ser para cuestiones puntuales".

Las redes sociales, Facebook, Instagram y otras tantas no son aliados del proceso de duelo de la relación anterior. Cuidado con eso, dice Bustamente, pues, "lo más inteligente es borrar, bloquear o lo que sea que te ponga realmente difícil seguir las andaduras del otro. No te cuentes milongas, aquello de 'quiero saber con quién estaba en realidad' o 'necesito ver cómo se comporta ahora y si de verdad le he importado', son justificaciones irracionales para seguir enganchado al ex".

El odio tiene una fuerza emocional similar al amor, por lo que conviene dejar ese enfado permanente con el otro lo más rápido posible. "Seguir pensando en lo bueno que tenía el o la ex y estar constantemente maldiciendo lo que te hizo tiene una fuerza similar a la hora de instalar el recuerdo del otro", expone el experto en Psicología.

En el caso de que haya hijos de por medio, sobre todo si son pequeños, sí hay que mantener una relación cordial para que "nos permita tomar decisiones sobre ellos sin que suponga un caos", sostiene Bustamante. Hay quien dice, prosigue el experto, que uno se casa cuando tiene hijos, porque ahí sí será para toda la vida, aun separándose. Tendremos que mantener el contacto, al menos hasta que sean adultos. De este modo, la regla es mantener cordialidad por el bien de ellos, pero limitarla a lo que tenga que ver con los pequeños, no buscarla como excusa para aproximarse.

"El espacio correspondiente a nuestros ex se sitúa tras la línea donde pone 'pareja', si hay hijos, estos no ocupan el primer lugar en el espacio de pareja, sino en el filial", mantiene Cahue. Es más, "nos convertimos en ejemplo para nuestros hijos cuando impedimos que se les utilice para fastidiar los planes vitales propios".

Por tanto, a la hora de enfrentarnos a una nueva relación, también nos enfrentamos a las exparejas, a las nuestras y a las de la actual o futura pareja. Uno no se separa para tener a su ex de una u otra forma en su vida, insiste la especialista. Además, la otra persona, es decir, la actual pareja, no tiene por qué compartir espacio, de la forma que sea, con la expareja. Y no se trata de celos. "Las quejas de nuestra nueva pareja respecto a los ex no suelen ser tanto una cuestión de celos e inmadurez, sino más bien una clara señal de que toca aplicarse mejor en la tarea de poner límites", puntualiza Cahue. Fuente: El Mundo.

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