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MENS Actualidad. ¿QUÉ LE PASA A NUESTRO CUERPO CUANDO NOS PONEMOS NERVIOSOS?

Cuando decimos que estamos nerviosos, el corazón se acelera, la boca se seca, sudamos más de lo habitual y aparece una sensación de «nudo en el estómago». Puede ocurrir por cosas tan variadas como estas: al día siguiente tengamos una reunión importante, que nos hayamos dado un susto en el coche o que la persona que nos gusta nos haya guiñado un ojo. Pero, ¿por qué ocurre? ¿Y cómo?

Según el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH), estamos nerviosos porque el cerebro activa una «respuesta encaminada a reaccionar ante un cambio». Y lo consigue liberando unas sustancias químicas llamadas hormonas y neurotransmisores que alteran el funcionamiento de ciertas partes del organismo.

«Nuestro organismo reacciona a lo que interpretamos y el sistema nervioso autónomo (es decir, que no se puede controlar voluntariamente) actúa en consencuencia», explica la psicóloga Leticia Vázquez, de Psicólogos Eleva. Según explica, esta parte del sistema nervioso, «está dividida a su vez en dos variantes»; una que funciona como acelerador (el sistema simpático) y otra que se comporta como un freno o regulador (el sistema parasimpático). (Esquema del sistema nervioso autonómo aquí).

Cuando nos damos un susto o nos ponemos nerviosos, nuestro cerebro prepara en un instante una respuesta compleja y drástica que recibe el nombre de «respuesta de lucha o huída». Es un fenómeno muy similar al que experimenta una cebra cuando se topa con un león en la sabana y necesita enviar energía a sus músculos para emprender la huída, o para luchar contra su oponente.

Luchar o huír

En el momento en que comienza el susto, se produce una descarga de adrenalina que provoca la familiar sensación de susto y «subidón». En ese momento «el corazón aumenta la frecuencia de sus latidos, el metabolismo detiene el almacenamiento de la energía y la moviliza para hacer frente al agente estresante». En concreto, se pone a disposición del cerebro, corazón y músculos, gracias a los que «correremos, pelearemos, nos agarraremos», explica Alicia Batuecas, bióloga experta en fisiología.

El responsable de activar esta respuesta es el locus coeruleus, un centro nervioso que se encuentra en la parte emocional del cerebro y que es el encargado de «interpretar» si los estímulos que llegan son tan importantes como para hacer saltar la alarma. Por ello, la respuesta de estrés o de ponerse nervioso implica a las emociones y a la propia consciencia.
Esto implica por un lado que el animal o la persona puede anticiparse a la agresión; si alguien grita «¡Fuego!», podemos salir corriendo aunque no olamos o veamos el incendio. Por otro lado, las emociones pueden influir en cómo responderemos, según explica Batuecas.

Así, por ejemplo, si hemos visto una película de miedo puede que estemos más inquietos y que nuestro locus coeruleus responda con «demasiada» facilidad a estímulos que normalmente no nos asustarían.

Pero si se prolonga...

Cuando el problema o agresión que nos amenaza no se resuelve en un instante, por ejemplo porque el león que surge de entre la maleza no solo se asoma sino que encima se acerca a nosotros o porque tenemos que hablar frente a un auditorio, el cerebro activa una respuesta más duradera, que depende de varias hormonas.

En este momento, el llamado núcleo paraventricular se activa. Se encuentra en el hipotálamo, un área cerebral que controla muchas funciones esenciales y que está en contacto con la parte emocional del cerebro. (Por eso entre otras cosas las emociones pueden tener tantos efectos sobre la salud).

Comienzan a liberarse varias hormonas entre las que destaca el cortisol, y que tienen como función prolongar la liberación de adrenalina que se produce en la respuesta inmediata de lucha o huída y activar la principal defensa del organismo, el sistema inmune.

Cuando la alerta se prolonga durante días, a causa de las preocupaciones o de una situación que nos amenaza durante un tiempo continuado, la situación se vuelve peligrosa. El sistema inmune se deprime, aumenta la probabilidad de coger infecciones (como los catarros) y pueden aparecer úlceras gástricas.

Puntos clave

-Ponerse nervioso es una respuesta de alarma a un cambio o agresión externa.
-Se liberan hormonas y neurotransmisores que preparan al cuerpo para afrontarla: por ejemplo, se suministran más recursos al cerebro, corazón y músculos.
-Las emociones pueden modificar esta respuesta: una película de miedo puede hacernos muy sensibles a los sustos.
-Si esta respuesta de alarma se prolonga, puede ser perjudicial para la salud.

Fuente: ABC.

 

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