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MENS Actualidad. EL YING Y EL YANG PSICOLÓGICO DE LA PORNOGRAFÍA

Un sinfín de debates han surgido en torno al uso de la pornografía. ¿Existe un perfil determinado de las personas que la consumen? ¿Qué consecuencias puede tener? El tema se ha tratado en todos los tonos posibles: desde las reuniones con amigos, a las tertulias de televisión y radio hasta, por supuesto, el terreno más estrictamente científico.

Una reciente investigación publicada en la revista JAMA Psyhchiatry ponía de nuevo el asunto sobre la mesa. Según el estudio con 64 hombres, los consumidores de pornografía tenían menos materia gris en el cerebro. Los datos del trabajo mostraban que cuanta más pornografía consumían los individuos analizados, más se reducía el cuerpo estriado del cerebro. Además, los investigadores comprobaron que ante el visionado e imágenes de contenido sexual, disminuía la actividad en la parte del cerebro que procesa la motivación.

Con todo, los científicos son cautos con estos resultados y aseguran que son necesarias más investigaciones antes de sacar una conclusión definitiva sobre pornografía y alteraciones cerebrales.

Expertos consultados por este periódico aseguran que, efectivamente, se necesita indagar mucho más y no dar por zanjada cualquier hipótesis. En opinión del doctor en Medicina y sexólogo, Carlos San Martín, coordinador del centro CIPSA de Santander, el estudio citado es simplemente, anecdótico, tanto por el volumen de la muestra como por los propios resultados obtenidos.

Por su parte, Carme Sánchez, psicóloga clínica y codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, asegura que lo que hace es plantear dudas. Es decir, "tiene sentido que cuanta más pornografía se visiona, se pueda provocar una habituación a los estímulos y por lo tanto necesitar niveles superiores de estimulación para conseguir el mismo nivel de excitación. Pero también, que personas con un menor volumen del cuerpo estriado necesitan más estimulación y recurren a la pornografía", argumenta.

Por su parte Ángel Luis Montejo, profesor de la Universidad de Salamanca y director científico de la Asociación Española de Sexualidad y Salud Mental, asegura del mismo modo que hay que ser cuidadosos con las afirmaciones. Sin embargo, este especialista reconoce que "está claro que hay que atender a los factores biológicos porque, por ejemplo, en algunas adicciones entran en juego tanto elementos genéticos y biológicos", comenta.

España es uno de los países donde mayor consumo de pornografía existe. Datos facilitados por el doctor San Martín sostienen que «España es el segundo país del mundo en visitas a cualquier tipo de página con contenidos pornográficos, hasta el punto de que el 41,7% de los internautas españoles consulta páginas de este tipo», señala el especialista. Es más, según sus datos, «algunas páginas porno concentran más visitas que Facebook», comenta el experto.

Los especialistas consultados por este periódico, no obstante, coinciden en señalar que la pornografía no siempre es mala. «Su consumo esporádico y controlado es a veces incluso una propuesta de terapia sexual que los terapeutas sugerimos en parejas con bajo deseo sexual, siempre que los dos miembros de la pareja muestren su acuerdo. Por tanto, su uso controlado, voluntario y aceptado puede incluso enriquecer la relación y ayudar en la pareja», explica San Martín. De hecho, son muchas las personas que disfrutan sanamente de la pornografía, insiste el experto, como un vehículo que enriquece su sexualidad individual o en pareja y favorece el deseo y la fantasía. Incluso en personas de más edad la pornografía puede añadir cierto valor de innovación y de conocimiento de prácticas sexuales, apunta Sánchez.

Adicción

El problema real, sostiene San Martín, se produce cuando el consumo se convierte en algo descontrolado, compulsivo y genera cierta dependencia. En palabras de Sánchez, "sólo se tratará de una conducta adictiva cuando ver pornografía se convierta en el centro de la vida de una persona, esta no tenga sensación de control ante ella e interfiera negativamente en su vida cotidiana familiar, laboral o social".

Según los especialistas, es difícil establecer un perfil del adicto, así como contabilizar el volumen del problema, porque aún existe mucho anonimato y miedo entre los pacientes. "La gente no suele consultar estos casos por temor y vergüenza fundamentalmente", mantiene Montejo. Normalmente, continúa, estas personas suelen ser retraídas o con pocas habilidades sociales, pero no existe un perfil definitorio real. En general, los hombres la consumen más que las mujeres; sin embargo, la tecnología y los nuevos tiempos hacen que las diferencias no sean tan evidentes. Sobre todo, en los jóvenes. "Hasta hace poco, se consideraba que los hombres eran más visuales en referencia a la sexualidad. Es decir, que preferían estímulos visuales para la excitación frente a los auditivos o táctiles. Pero debido a la cultura audiovisual en la que mujeres y hombres estamos inmersos en los últimos años, y más concretamente entre la gente joven, las diferencias ya no son tan evidentes", comenta Sánchez.

Esta especialista recuerda que un adicto al porno no goza de su conducta sexual y el estos contenidos sólo suponen un alivio momentáneo. Es más, los afectados terminan abandonando sus amistades y puede ocasionar problemas como ansiedad, depresión, fobia social, trastornos de la personalidad o consumo de sustancias de abuso. "El 72% de los adictos al sexo genera ideas suicidas y el 17% lo ha intentado", expone San Martín.

Se trata por tanto, de personas, adictas, enfermas, con un trastorno de control de impulsos que necesita ayuda especializada, subraya el especialista.

Para que se de un consumo abusivo existen factores facilitadores, predisponentes y desencadenantes. Los facilitadores, enumera la experta en Psicología, son: accesibilidad al medio, el anonimato y lo asequible y económico que resulta. Por su parte, los factores predisponentes pueden ser una baja autoestima, problemas relacionales, aislamiento social, historial insatisfactorio de relaciones de pareja y problemas psicológicos previos. Por último, estrés puntual o una ruptura sentimental pueden ser algunos de los factores desencadenantes. "Para establecer la existencia de un problema, no se debería evaluar tanto la cantidad, como la falta de control", advierte Sánchez.

Esta experta subraya además, que el componente adictivo de la pornografía no es el único factor digno de reflexión. También llaman la atención las implicaciones educacionales que pueden llevar aparejados los contenidos X. "Si la única educación sexual que reciben los adolescentes proviene del porno, sí que puede distorsionar el concepto de sexualidad y relaciones sexuales y puede afectar negativamente en su desempeño sexual a corto plazo", explica la experta. Fuente: El Mundo.

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